LA HISTORIA DEL LIBRO.
Las primeras
civilizaciones utilizaron planchas de barro para grabar
caracteres o dibujos que tenían significado.
Pero después los egipcios, griegos
y romanos descubrieron que los rollos de papiro (un
material parecido al papel que se extraía de
los juncos a las orillas del río Nilo) eran más
prácticos.

El más largo que se conoce mide 40,5 metros,
y se encuentra en el Museo Británico de Londres.
Más adelante, hacia el siglo IV a. C., los libros
más extensos comenzaron a subdividirse en varios
rollos, que se almacenaban juntos.

En el Lejano Oriente, los libros eran unas largas tiras
de hojas de cáñamo y corteza, que se plegaban
en forma de acordeón y se pegaban en uno de los
lados. Sus tapas eran de papel fino o tela.
El siglo IV d. C. el papiro fue reemplazado por los
códices (libro en latín), que consistían
en un cuadernillo de hojas rayadas hechas de madera
cubierta de cera.

En la Edad Media, tenían portadas
de madera, reforzadas con piezas de metal y poseían
cierres de botones o candados. A veces eran cubiertas
de piel, o adornadas con trabajos de orfebrería
en oro, plata y piedras preciosas. Eran auténticas
obras de arte.
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